La irrupción de Nothing en el mercado de los celulares no fue un evento cualquiera. Desde sus inicios, la marca prometió sacudir una industria que muchos consideraban estancada en el aburrimiento, reviviendo esa aura de entusiasmo que alguna vez tuvo OnePlus. Todo comenzó con el Nothing Phone (1), un dispositivo que apostó fuerte por ser una pequeña revolución estética y que, tras semanas de especulación y un sistema de invitaciones que generó bastante ruido, aterrizó con la misión de demostrar que el diseño transparente y un sistema de luces LEDs eran mucho más que simples adornos.
Luces y sombras del diseño original
Hay que decir las cosas como son: la apuesta visual del primer teléfono de la compañía fue llamativa y, en tiempos donde la mayoría de los equipos lucen idénticos, se sintió como un respiro de aire fresco. La parte trasera transparente permitía ver una lámina diseñada meticulosamente, mostrando la bobina de carga inalámbrica y embellecedores que ocultaban el hardware crudo como el procesador o la batería. Sin embargo, esta decisión de diseño trajo consigo un par de inconvenientes que no pasaron desapercibidos en nuestro análisis a fondo.
El primero es que el equipo resultó ser un imán para la suciedad. En nuestra unidad de color negro, mantener esa estética impecable fue una tarea titánica, ya que el cristal se llenaba de huellas con una facilidad pasmosa, dificultando lucir el dispositivo como se merecía. El segundo punto controversial fue su innegable parecido con la competencia de la manzana. Si se miraba de perfil, el Nothing Phone (1) era prácticamente indistinguible de un iPhone, un detalle que, aunque habla bien de la calidad de construcción en aluminio y Gorilla Glass 5, dejaba claro dónde buscaron su inspiración ergonómica. A pesar de ser algo resbaladizo, sus cantos planos y bajo peso lo hacían cómodo de manejar.
Más allá de la carcasa: el rendimiento
Pero un teléfono no vive solo de su apariencia. Bajo ese chasis controvertido, el Nothing Phone (1) escondía una ficha técnica equilibrada para la gama media. Montaba un panel AMOLED de 6,55 pulgadas con una tasa de refresco de 120 Hz y soporte HDR10+, garantizando una experiencia visual fluida. En el cuarto de máquinas, el procesador Qualcomm Snapdragon 778G+ junto con configuraciones de hasta 12 GB de RAM aseguraban que el desempeño no se quedara corto frente a las exigencias del día a día, respaldado por una batería de 4.500 mAh con carga rápida e inalámbrica.
Un cambio de rumbo para 2026
Esa filosofía de querer hacer las cosas de manera distinta ha evolucionado drásticamente para este 2026. Carl Pei, el CEO de la compañía, confirmó recientemente a través de un video en el canal oficial de la marca que no veremos un Nothing Phone (4) este año. La noticia cae como balde de agua fría para quienes esperaban la renovación anual habitual en la industria, pero responde a una lógica clara: no lanzar un nuevo buque insignia solo por cumplir con el calendario.
Pei enfatizó que el Phone (3), lanzado el año pasado, se mantendrá como el estandarte de la compañía por el momento. La intención es que cada lanzamiento se sienta como una actualización significativa y no como un mero trámite para seguir la corriente del mercado. “Solo porque el resto de la industria hace las cosas de cierta manera, no significa que nosotros haremos lo mismo”, sentenció el directivo, dejando clara su postura de priorizar la innovación real sobre la saturación de productos.
La apuesta por la gama media premium
No obstante, esto no significa que la marca se quedará de brazos cruzados. Si bien no habrá un flagship nuevo, la serie Phone 4a está en camino y promete ser mucho más que una simple versión económica. Según las declaraciones de Pei, el 4a representará una evolución completa respecto a sus predecesores, mejorando desde la pantalla y la cámara hasta el rendimiento general. El objetivo es ofrecer una experiencia mucho más cercana a la de un teléfono de gama alta, alejándose de las limitaciones típicas de la serie “a” y experimentando con nuevos colores y materiales premium. Así, Nothing parece estar redefiniendo su estrategia, pasando del hype de las luces traseras a una madurez operativa donde el producto importa más que la frecuencia de lanzamiento.